Octubre, mes de la Reforma

La Reforma en Inglaterra: Eduardo VI

Eduardo VI

Eduardo VI fue hijo del rey Enrique VIII y Juana Seymour. Eduardo heredó el trono a los diez años de edad (18 de enero de 1547) luego de la muerte de su padre.

Es muy importante comprender que, en Inglaterra, la verdadera reforma espiritual, no se dio bajo Enrique VIII, sino bajo el corto reinado de este rey adolescente.

Debido a su corta edad fue nombrado un consejo de regencia presidido por el duque de Somerset, quien era tío del rey. Por su parte, el duque, era un gran simpatizante de la Reforma Religiosa; gracias a este hombre se puso en marcha un eficiente programa de trabajo protestante.

Durante este reinado, los partidarios de la Reforma fueron puestos en libertad y muchos volvieron del destierro.

En este entonces Juan Knox fue nombrado capellán del rey.

Por su parte, Thomas Cranmer, arzobispo de Canterbury, envió a predicadores por los pueblos, abolió la misa y las oraciones en latín, hizo que la comunión se administrase bajo las especies de pan y vino y autorizó el matrimonio de los eclesiásticos.

Un sínodo reunido en 1551 redactó cuarenta y dos artículos de fe, que representaban el pensamiento protestante. Estos, reducidos después y con algunas modificaciones son los que usa hasta hoy la iglesia anglicana.

El joven rey, Eduardo VI solo vivió hasta los quince años.

Pastor Sergio Oschilewski Malinowski
Iglesia Bíblica Las Condes


Lectura Bíblica

Sus príncipes en medio de ella son como lobos que arrebatan presa, derramando sangre, para destruir las almas, para obtener ganancias injustas. Y sus profetas recubrían con lodo suelto, profetizándoles vanidad y adivinándoles mentira, diciendo: Así ha dicho Jehová el Señor; y Jehová no había hablado. El pueblo de la tierra usaba de opresión y cometía robo, al afligido y menesteroso hacía violencia, y al extranjero oprimía sin derecho. Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé. Por tanto, derramé sobre ellos mi ira; con el ardor de mi ira los consumí; hice volver el camino de ellos sobre su propia cabeza, dice Jehová el Señor.

Ezequiel 22:27-31

Introducción

En el libro de Ezequiel nos encontramos con un panorama que muestra al pueblo que debía representar a Dios en una condición de miseria, ignorancia y maldad que hace decir al Señor: «Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé.» (Ezequiel 22:30).

El Señor esperaba señales de arrepentimiento, señales de cambio, señales que indicaran que dejaban atrás su falso camino, pero no encontraba ni aún a uno se parara ante él, manifestando dolor, pidiendo misericordia e intercediendo por el pueblo pecador con un corazón dispuesto a ser enseñado.

Este cuadro lo volvemos a ver en varias oportunidades, siendo una de ellas el momento en que la iglesia dominante que había dejado atrás la Palabra Santa y la piedad actuaba inmisericorde y poderosa en forma similar al Israel del tiempo de Ezequiel. En el silencio de la edad media, parece oírse la voz de Dios, buscando a hombres capaces de ponerse en la brecha. Al escuchar con cuidado comenzamos a oír algunas voces como la de un Pedro de Bruys, un Pedro Waldo, un Juan Wycliffe, un Juan Huss y, de pronto con mayor sonoridad y efecto, las voces de Martín Lutero, Juan Calvino y Ulrico Zwinglio y Juan Knox, entre muchos otros con los que formaron un verdadero coro imposible de no oír y callar, diciendo, «Señor nosotros confesamos el pecado de la iglesia a la que pertenecemos y queremos volvernos a ti en humildad y arrepentimiento».

  1. Lo que significa ponerse en la brecha.
  2. Lo que cuesta estar en la brecha.
  3. Los que salieron a la brecha.

Conclusión

En el día de hoy, muchas de las iglesias que proceden de la Reforma, por lo tanto de aquellos valientes que salieron a la brecha, han retrocedido y se encuentran en condiciones ruinosas. Ellas han probado la paciencia del Señor hasta el cansancio y, al menos desde nuestra perspectiva, apenas se ven personas saliendo a la brecha, reconociendo su pecado, doblegándose ante el Señor, doliéndose por la condición deplorable de las congregaciones y presentándolas al Señor para que las purifique.

Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.

1ª Corintios 5:7