Muy apreciados hermanos:

¿Se ha preguntado cómo podemos saber que una persona es renacida? ¿por su oración de conversión?, ¿por su bautismo?, ¿por la cantidad de versículos bíblicos que ha memorizado?, ¿por cuánto usa el lenguaje propio de los miembros de una iglesia? Lo dicho es importante, mas solo es una parte; lo realmente concluyente son los frutos.

El Señor Jesús, advirtiendo acerca de los falsos profetas, entrega una fórmula para reconocerlos, la cual, por extensión, es también una fórmula útil para diferenciar a un cristiano renacido de uno que solo tiene el nombre de tal: «Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.» (Mateo 7: 16-17).

Podemos preguntarnos: ¿se encuentra o no el fruto del Espíritu (Gálatas 5: 22-24) en esa persona? ¿Se encuentran o no los frutos propios de la nueva naturaleza (Efesios 2: 10)? ¿Son buenos los frutos que nacen de él?

En la parábola del sembrador encontramos a las semillas plantadas entre espinos, a las plantadas entre piedras y a las plantadas en el camino; la conclusión es que, aunque algunas brotaron y se vio su verdor, ninguna de ellas llega a dar fruto, es decir, no hubo conversión real. El fruto, con lo que se demostró la conversión, solo se vio en el grupo de semillas sembradas en el buen terreno.

Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.

Mateo 13: 23

Pastor Sergio Oschilewski Malinowski
Iglesia Bíblica Las Condes


Lectura Bíblica

Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis pasado al otro lado del Jordán a la tierra de Canaán, os señalaréis ciudades, ciudades de refugio tendréis, donde huya el homicida que hiriere a alguno de muerte sin intención. Y os serán aquellas ciudades para refugiarse del vengador, y no morirá el homicida hasta que entre en juicio delante de la congregación. De las ciudades, pues, que daréis, tendréis seis ciudades de refugio. Tres ciudades daréis a este lado del Jordán, y tres ciudades daréis en la tierra de Canaán, las cuales serán ciudades de refugio. Estas seis ciudades serán de refugio para los hijos de Israel, y para el extranjero y el que more entre ellos, para que huya allá cualquiera que hiriere de muerte a otro sin intención.

Números 35: 9-15

Introducción

En el libro de Números encontramos que se instruye a los hijos de Israel que cuando se establecieran en la tierra prometida, deberían otorgar a los levitas 48 ciudades con sus ejidos (Números 35: 7). Seis de estas ciudades cumplirían una función muy especial, pues debían constituirse en ciudades de refugio.

¿Qué era una ciudad de refugio? Pues, una ciudad a la cual podía huir una persona acusada de matar a alguien, siempre y cuando esa muerte fuera accidental. Estando en ella, el homicida involuntario podía estar seguro de que el legítimo vengador de la sangre (Números 35: 19) no le podía quitar la vida y él sería sometido a un justo juicio.

En esta oportunidad quiero invitarles a considerar algunos aspectos destacados de estas ciudades de amparo. Consideremos:

  1. Su función.
  2. Su cantidad, ubicación y accesos.
    1. Cantidad.
    2. Ubicación.
    3. Acceso.
  3. Su universalidad y permanencia.
    1. Universalidad.
    2. Permanencia.
  4. Su mensaje trascendente.
    1. Una ciudad de refugio.
    2. La accesibilidad.
    3. La permanencia.
    4. Su universalidad.

Conclusión

Hay un mensaje claro en aquellas ciudades de refugio que invita a acudir de inmediato hacia el único refugio que puede librar al hombre de la condena eterna que pende sobre él. Ese refugio es el Señor Jesucristo. Cuando estamos en él ya nada nos puede condenar. Es un refugio accesible y que llama a huir hacia él con prontitud y diligencia. ¿Te encuentras tú ya en el refugio?

En Dios está mi salvación y mi gloria; En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio.

Salmos 62: 7