Lectura Bíblica

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

Isaías 53: 3-6

Introducción

Hoy estamos recordando aquella extensa reunión en el Aposento Alto, donde se realizó la Última Cena, momentos previos al arresto de nuestro Señor Jesucristo, tiempo que utilizó para entregar a los apóstoles una impresionante cantidad de enseñanzas, en forma oral y práctica.

Durante toda aquella solemne reunión, el Señor proporcionó grandes elementos de consuelo a esa «manada pequeña» que quedaría huérfana de su presencia en muy poco tiempo. Entre estos bálsamos se encuentran aquellas palabras que nos hablan de su regreso por los suyos y de la vida que nos espera junto a él en la casa del Padre.

  1. Consuelo por la pronta partida (Juan 14: 1).
  2. Consuelo pensando en la promesa de un hogar celestial (Juan 14: 2).
  3. Consuelo sabiendo que un día regresaría por ellos para no dejarlos (Juan 14: 3).

Conclusión

En este punto es importante reflexionar: ¿qué significan para mí estas promesas? ¿Constituyen consuelos? ¿Dan paz a mi corazón? ¿Está turbada mi alma? ¿Por qué?

El corazón de un creyente satisfecho, en paz (no turbado) es un corazón que conoce, cree y descansa en las promesas del Señor.

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

Juan 14: 1